domingo, 13 de agosto de 2017

Mejores tareas (4)

Como ha sido mencionado, en el afán de cuestionar al sistema educativo actual, hemos destinado instancias teóricas y virtuales para la discusión de este tópico. 




Como ejemplo de ello, en esta entrada reúno a la tarea EVA número 8, en la cual la consigna estimulaba a la producción de un texto a la luz de caricaturas del pensador, psicopedagogo y  dibujante Francesco Tonucci, ("Frato").
Estas caricaturas ofician, de manera sutil y clara, como una especie de crítica al sistema educativo que rige a todas o la mayoría de las instituciones de enseñanza alrededor del mundo. 

Decidí elegir esta tarea como una de las destacadas de mi repertorio porque hace alusión a un tema que me importa mucho, tanto de manera personal  como colectiva, viéndolo reflejado en mis compañeros de Facultad. La educación en general, tanto terciaria como en todos sus niveles, debería ser una experiencia enriquecedora, no sólo en cuanto a conocimientos teóricos, sino como satisfacción personal. 



¿Le parece que las críticas que expresan las caricaturas pueden aplicarse a la Educación Superior? 

Preocupantemente, encontré aplicabilidad de todas las caricaturas a nuestra educación Universitaria, particularmente dentro de la Facultad de Medicina. Desde que uno ingresa a Facultad, son muy pocos los docentes que se interesan por conocer a los estudiantes y entablar una relación interpersonal que contribuya al proceso de aprendizaje. Si bien es cierto que dada la masividad del número de estudiantes, se dificulta tal proceso, hay que destacar que muchas veces no existe interés o voluntad por parte de los docentes. Destaco además, el destrato que puede existir, y que existe, por parte de un docente hacia los estudiantes. 

Por otro lado, otro aspecto abarcado por las caricaturas es el concepto de error y el miedo a cometerlo. Somos educados en una cultura que le ha restado importancia al error y a la función que éste tiene sobre nuestro aprendizaje. Cometer errores es una forma válida de aprendizaje que, muchas veces, genera conocimiento de manera más eficaz que los aciertos. Sin embargo, existe un temor generalizado en cometerlos dada su connotación negativa. 

Además de esto, logro percibir de manera muy clara la sobrevaloración de la inteligencia formal. Es bien sabido que no todos tenemos las mismas capacidades y que nos desarrollamos de manera diferente en los distintos campos de la inteligencia. No obstante, hay tendencia a subestimar a quienes no se encajan en el patrón formal y lógico del conocimiento, y no se reconoce como tan importante otra inteligencia que no sea ésta. 

Otro punto en el que encontré identificación fue el de la libertad de aprendizaje. A esta altura, son innúmeras las veces en las que me encontré frente a un tema sobre el que quisiese profundizar, pero que no he podido. Esto se debe a que, dada la gran cantidad de temas en el cronograma de cada curso, dedicarme por fuera de éste a un tópico determinado, muchas veces fue imposible por falta de tiempo. Por otro lado, no existen influencias provenientes del ámbito académico que impulsen esta actitud. Por lo menos durante los primeros tres años de la carrera, me he topado con la primicia de “estudiar para salvar el parcial o examen” ó “estudiar para pasar a cuarto sin ninguna”, que no sólo está diseminado entre los estudiantes, sino que también dentro del personal docente. 
Otro aspecto refiere a las condiciones edilicias de nuestra Universidad. En esta línea, hay que considerar la realidad de las condiciones en las que estudiamos y en las que los docentes enseñan, las cuales, claramente, no resultan ser óptimas. La masividad del número de estudiantes, el escaso espacio y preparación edilicia para abarcarlos, la falta de materiales, y la falta de presupuesto para poder revertir estas situaciones, son todas condicionantes de la calidad de enseñanza que se brinda. Lamentablemente, estas son cuestiones que escapan a los docentes y a los estudiantes. 

Por último quisiera detenerme en la diapositiva 15: “yo creo que se podría aprender sin tener que odiar lo que estudiamos”. Personalmente, de verdad lo creo. A pesar de las situaciones contraproducentes, estamos invitados a ser tutores de nuestro propio aprendizaje. Podemos interesarnos por ciertas áreas del conocimiento, y no debemos perder la oportunidad de dedicarnos a ellas. Debemos estudiar para aprender, y no para salvar exámenes, aunque sea difícil entenderlo. Debemos comprender que la instancia de examen no es un castigo, y que “perderlos” no deberá ser motivo de
considerarnos inferiores, pues el conocimiento se construye desde los aciertos y de los errores, siendo un proceso dinámico y no rígido como nos han hecho entenderlo. 


¿Le parece pertinente la aplicación de la didáctica en el nivel de Educación Superior? 

Sí, sería una herramienta de gran utilidad. Me parece que la preparación didáctica de un docente debería ser requisito para todos aquellos que quieran dedicarse a la enseñanza. Hay que saber diferenciar entre un buen docente y una persona que sabe mucho. Considero que un docente didáctico, que se prepara y conoce diferentes técnicas y metodologías de enseñanza, deja un fuerte impacto sobre el estudiante y sobre el conocimiento que le aportó al mismo.

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